Por el bien de todas, primero las pobres
- Redacción
- 24 oct 2024
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Por: Beth Castillo
Ya es más que oficial. Claudia Sheinbaum es la primera presidenta de México, la más poderosa de la historia democrática de nuestro país, y la mujer que carga en sus hombros la esperanza de casi 36 millones de mexicanas y mexicanos.
El pasado 1° de octubre la mandataria tomó protesta en el Palacio Legislativo de San Lázaro, para después celebrar con un Zócalo lleno y volver a repetir su promesa, conjuro inquebrantable y consigna que acuñó a inicios de su campaña: «No llego sola, llegamos todas». Una promesa, más no una simple ilusión.
La presidenta, así con A, llega al máximo encargo de la administración pública, después de 65 hombres y 200 años de tradición republicana. Llega y rompe con todos los mitos absurdos que vociferaban que las mujeres “no estamos listas para gobernar”.
Poder decir que hoy en México tenemos una presidenta, representa ya un enorme logro en sí mismo, sin embargo, algunas voces escatiman, con cierta razón, que eso no significaría por sí solo, un avance en la agenda de las mujeres. De cualquier forma, el panorama que hemos visto a sólo algunos días de que inició el gobierno de la presidenta, es más que esperanzador, cuando hablamos de conquistas respecto a los derechos de las mujeres.
Sheinbaum arranca su gestión con la presentación de una serie de reformas a la Constitución, en materia de Igualdad Sustantiva, de paridad de género, igualdad salarial y que buscan garantizar una vida libre de violencias para todas las mujeres.
Las reformas que ya se enviaron al Senado de la República para su discusión, consagrarán en la Constitución, nada más y nada menos, que la protección de los derechos de las mujeres mexicanas, y nuestro derecho a vivir una vida libre de violencias.
Se incluirá también un programa social destinado exclusivamente a las mujeres de 60 a 64 años, en reconocimiento a su vida de trabajo y con el objetivo de aportar a que tengan una autonomía económica. “Por el bien de todos, primero las pobres”. Véase por donde se le vea, no es un logro menor.
A esto habrá que sumarle el gabinete con una presencia mayoritaria de mujeres, las diputadas, las senadoras, todas las mujeres que conquistaron los espacios de toma de decisión, y los rostros femeninos que se suman a los medios de comunicación. Algo impensable hace pocos años, y una realidad latente hoy.
Claudia Sheinbaum ha evocado en sus discursos, pero también lo hace ya en sus políticas de gobierno, a todas las mujeres. A todas. A las indígenas, las afromexicanas, las trabajadoras, las científicas, las feministas, las doctoras, las obreras, las maquileras, las escritoras, las madres, las abuelas, y un sin fin más. Nos ha convocado a todas a construir una República de y para las mujeres.
Habrá quienes no quieran sentirse parte de esas «todas» que llegamos con Claudia, o que intenten excluirse a propósito, pero nadie podrá negar que vivimos tiempos distintos. Tiempos en los que decimos presidenta, con A. Y aunque coincidamos ideológicamente o no, hoy, una de las nuestras, es presidenta.
Nadie debería escatimar ni una coma: con Claudia, llegamos todas.







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